El Olive Oil World Congress 2026 reunió en Lisboa, los días 2 y 3 de julio, a científicos, productores, instituciones y representantes de países productores y consumidores de los cinco continentes. El encuentro cerró con un mensaje que trasciende el debate técnico habitual: el aceite de oliva es un producto estratégico y su futuro se decide en cuatro frentes -clima, tecnología, calidad y comunicación- que el sector ya no puede afrontar por separado
Cada 25 gramos adicionales de aceite de oliva al día reducen un 16% el riesgo cardiovascular, un 22% el de diabetes y un 11% la mortalidad por cualquier causa. Es lo que confirman los grandes ensayos clínicos PREDIMED y CORDIOPREV, y es también el argumento más poderoso que tiene el sector para conquistar mercados donde el consumo se ha disparado más de un 400%
El Olive Oil World Congress (OOWC), celebrado el 2 y 3 de julio en el Centro Cultural de Belém, ha cerrado sus sesiones con un diagnóstico claro y conclusiones que van más allá del debate técnico habitual: el aceite de oliva es un activo estratégico cuyo futuro depende de cuatro frentes -clima, tecnología, calidad y comunicación- que el sector ya no puede seguir abordando por separado.
El primero y más urgente es el climático. La región mediterránea se calienta al doble de la media mundial, y las proyecciones apuntan a una reducción de hasta el 44% en el rendimiento del olivar en el sur de España, con más plagas, floración alterada y episodios de calor extremo cada vez más tempranos. La respuesta pasa por conservar la diversidad genética -el proyecto GEN4OLIVE ha caracterizado más de 600 variedades y depositado material en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard-, desarrollar variedades resistentes y gestionar mejor el agua y el suelo. La supervivencia de las pequeñas y medianas explotaciones, que sostienen el paisaje mediterráneo, sigue siendo la preocupación más urgente.
Tecnología que aún no llega a todos
Frente a ese escenario, la digitalización emerge como palanca clave: IA, drones y sensores permiten ahorros documentados del 68% en agua de riego y el 35% en fitosanitarios, y la almazara del futuro será más conectada y predictiva. Pero la adopción tecnológica sigue siendo el cuello de botella real. Las herramientas avanzadas llegan tarde a los pequeños productores, precisamente cuando la recolección supone por sí sola cerca de la mitad del coste de producción en el olivar tradicional. Sin formación y sin nuevos modelos de negocio, la tecnología sola no alcanza.
Fraude, calidad y los 40 años del panel de cata
Producir más y mejor no sirve de nada si el producto que llega al mercado no es lo que dice ser. El aceite de oliva sigue siendo uno de los alimentos más expuestos al fraude: las amenazas más difíciles de combatir son la desodorización suave -que elimina defectos sin dejar rastros analíticos evidentes- y las mezclas diseñadas para eludir los controles. El Congreso defendió la armonización entre el Codex Alimentarius y el COI, el uso de esteroles como huella de autenticidad y la resonancia magnética nuclear (RMN) como técnica emergente de verificación. Los árboles de decisión del COI permiten además que aceites auténticos que caen fuera de los límites de pureza por variación natural puedan comercializarse sin debilitar la detección del fraude. En ese contexto, el panel de cata -que cumple 40 años- sigue siendo irreemplazable: 150 paneles registrados en 2026, presencia en 27 países. Su futuro pasa por integrarse con la nariz electrónica, la IA y los biomarcadores, y por resolver un reto pendiente: que el consumidor aprenda a valorar el amargor y el picor como señales de calidad, no de defecto.
La evidencia científica, el mayor activo del sector
A la calidad se suma la salud como diferenciador de peso. Los ensayos PREDIMED y CORDIOPREV confirman que cada 25 gramos adicionales de aceite de oliva al día reducen un 16% el riesgo cardiovascular, un 22% el de diabetes y un 11% la mortalidad por cualquier causa. La investigación avanza hacia los polifenoles -hidroxitirosol, oleuropeína y oleocantal- y su papel en la salud cerebral y el envejecimiento saludable, abriendo además la vía de los nutracéuticos a partir de los subproductos del olivo.
Sostenibilidad verificada, no declarada
Y junto a la salud, la sostenibilidad: no como argumento de marketing, sino como infraestructura de confianza. Los 11 millones de hectáreas de olivar actúan como sumideros de carbono; el COI desarrolla un sistema de certificación de créditos de carbono respaldado por blockchain; y la economía circular ofrece un horizonte enorme: solo el 20% del peso de la aceituna se convierte en aceite, mientras que el 80% restante puede transformarse en energía, biofertilizantes y antioxidantes. La biodiversidad y los servicios ecosistémicos del olivar tienen además un valor económico medible, y los marcos ESG y CSRD están convirtiendo la sostenibilidad verificada en condición de acceso a los mercados, no en valor añadido opcional. El Congreso zanjó además el debate de fondo: tanto los sistemas tradicionales como los intensivos pueden ser sostenibles, siempre que se gestionen bien.
Del volumen al valor, y de la producción a la narrativa
Todo ello en un mercado que no ha dejado de crecer: el consumo mundial ha crecido un 83% desde los años noventa y alcanza hoy los 3,2 millones de toneladas, con EE.UU. como primer importador (35%) y crecimientos superiores al 400% en mercados no pertenecientes al COI como Brasil, China o Japón. Pero la gran conclusión del Congreso no fue un dato de producción: fue que los consumidores ya no compran aceite, sino confianza, autenticidad, identidad y experiencia. No existe una fórmula universal -cada mercado, cultura y generación exige mensajes y canales distintos-, y las redes sociales son hoy imprescindibles para los más jóvenes. El storytelling de origen y el oleoturismo convierten a los visitantes en embajadores. Los niños de hoy serán los consumidores del mañana.
El Congreso contó con el respaldo institucional del Consejo Oleícola Internacional (COI), el CIHEAM Zaragoza y la Fundación Dieta Mediterránea, junto a entidades públicas como el Ministerio de Agricultura y Asuntos Marítimos de Portugal, la Junta de Castilla-La Mancha (‘Campo y Alma’), la Generalitat de Catalunya, la Junta de Andalucía y el IMIDRA.
En el ámbito privado respaldan, por ahora, esta segunda edición, además de Olivum, entidades como AgroBank, BPI de Grupo Caixabank, la Interprofesional del Aceite de Oliva Español, GEA Group, Novonesis-Univar Solutions, APOAC (Associação para a Promoção do Olival e Azeite de Aire e Candeeiros) con su marca comercial ‘Olivedos do Carso’, Adsaica (Associação de Desenvolvimento das Serras de Aire e Candeeiros), Feria de Zaragoza (ENOMAQ), Kubota, Dazeite y Siliker.
Fonte: OOWC














































